Me ama, me ama, él me ama.
Tomaste el teléfono y me saludaste. Un tímido hola.
Aunque estaba a sesenta kilómetros de ti y de tu sonrisa de niño grande,
me sacaste una carcajada. Seguimos hablando de todo sin llegar realmente a decirnos nada. Todo era cosas sin sentido, no sabíamos que decir. Hasta que lo dijiste...
-¡Que se te echa de menos, eh!
-¡Claro, si es que todos me amáis! -y me reí dulcemente.
-
¿Cómo yo?-Sí, como tú.
-No, no tanto como yo.Se me paró la respiración y solo te dije: 'Fantasma...' aunque en mi cabeza, se proyectaba un '
Tengo demasiadas ganas de verte'.
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